Fuimos más fuertes que la propia fuerza de la gravedad…

Y cuando creo que te olvido, vuelves a aparecer, como por arte de magia. Parece que a lo lejos te estampas en mi pecho, sin saberlo. No hace falta ni mencionar tu nombre, no es necesario. Basta un susurro, una palabra sin sentido, un verso, cualquier estupidez. Pero no te asustes: no es un recuerdo malo. No me haces llorar. No es una sensación incómoda, ni triste. Todo lo contrario. Me despiertas sin querer la primera sonrisa de la mañana. No quiero imaginar por qué.

Al menos me repito a mí misma: ya no todo me recuerda a ti. Ahora sólo pequeños detalles me recuerdan a a mí.

A mí siendo tuya. Y a ti siendo de mí.

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