No nos damos cuenta

Hoy vengo a hablar(os) de las cosas que pasan desapercibidas.

Me considero perfeccionista, detesto el caos, soy puntillosa. Pero también confieso que esa parte de mí ha permanecido aletargada durante estos últimos meses años. Justo desde el momento en el que dejé de apreciar la lluvia en los párpados, la brisa en la cara, el placer de acariciar otras manos.

Prefiero estar sola que a la sombra de un gigante. 

También soy sensible, me cautiva sentarme a mirar la lluvia por la ventana, al igual que amo tener mis minutos de soledad contemplando el sol sobre el horizonte, al otro lado del mar. Adoro la música. Me gusta cantar. Aprecio verdaderamente cada sílaba estratégica de la letra de una canción. Lástima que algunos se encargasen de pulir todas mis virtudes, haciéndolas ver como debilidades de las cuales debo arrepentirme.

Desde el principio estuvieron conformes con que volase lejos. Y cuando tuvieron la brillante oportunidad de recuperarme, desaparecieron. No voy a gastar ni un minuto más de mi tiempo en repetir que cuando vuelven, ya es demasiado tarde. Siempre es tarde. Y ojalá algún día establezcan un orden de prioridad lógico en el tiempo. Por su bien, aunque ya poco importa.

Justo en ese momento y gracias a ello, descubrí la importancia de fijarnos en aquello que los demás pasan por alto. Como si de repente todos mis sentidos comenzasen a estar alerta. Ese semáforo en verde, ese parpadeo constante, el aleteo de la mariposa que genera el tornado en la otra punta del mundo. La gota que al caer sobre el agua, dibuja círculos perfectos sin cesar. Hablo del caos y su teoría perfectamente imperfecta.

Pero también me refiero a esas combinaciones de factores que hacen que un momento sea perfecto. Hablo de esa sonrisa, ese gesto, ese mordisco en los labios. Ese suspiro en la oreja, tus manos entrelazadas apretando con fuerza las mías. Hablo de las ganas contenidas, los peros, las casualidades, el tiempo, el espacio, el oxígeno, tu respiración entrecortada. De tus manos, tu boca, tu pelo. Hablo de todas esas cosas que en su conjunto suponen demasiado para cualquiera; y que bastarían por separado para los más simples. A mí no, créeme.

Aprendí que a veces un poco de desorden también nos viene bien…para luego reordenarnos juntos.

Qué mejor que tu orgullo y el mío en perfecta sintonía. Creo que se llevan bien. Dejémosles fluir.

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