Querido diciembre

Confieso tener una especie de adicción a todo lo que marca un final y deja una puerta abierta a un nuevo comienzo. Las 00.00h., el último mes, el último día del año, los domingos. Recuerdo haber comentado lo mucho que me gustan los domingos. Después de eso, me gustaría hablaros de lo mucho que me gusta diciembre.

Diciembre tiene prácticamente mi misma edad, y siempre predijo cosas buenas para mí. Me hizo ver las luces, nos quedamos en bolas. Diciembre marcó un antes y un después en mi vida. Y aunque a veces me haga engordar, dicen que todo lo bueno te hace ganar kilos de más. Diciembre siempre me regaló sonrisas sin importarle el qué dirán. Y recuerdo que me sacó a bailar desesperadamente en la Nochevieja del 2010. Se llevó lo malo, y me trajo algo hermoso que desgraciadamente, nunca olvidaré.

Disfrutaba viendo caer las hojas marrones de los árboles, a través de la ventana. Me ponía el abrigo, el gorro, la bufanda. Se preocupaba por mí y, aunque a veces algo frío,  sabía perfectamente cómo hacerme entrar en calor.

Diciembre me conquistó una y tantas veces: me trajo regalos, amigos, diversión. Las cenas eran increíbles, porque diciembre sabe cocinar mejor que nadie.

Nos acostamos una noche…o varias, creo recordar. Luego se iba y ya no regresaba. Pero siempre me dejaba con las ganas locas e irremediables de volver a él. Creo que su repentina ausencia era lo que más me enganchaba a sus caderas.

A veces me pillaba distraída, y me sorprendía haciendo nevar. Me obligaba a calentar los guantes para después ponérmelos y salir a jugar en la nieve. Me tiraba al suelo, me provocaba carcajadas. Y nunca sentía frío porque él estaba allí, arropándome.

Diciembre fue mi mejor amante, mi mejor amigo, mi confidente. Sus besos eran de película. Pero de las de acción, de las buenas.

Después vino enero. Enero me ilusionó, me trajo buenos recuerdos, pero también se los llevó. Así que no dedicaré palabras a enero, porque conmigo siempre fue un poco cabrón.

Diciembre, bienvenido seas a mi vida, hoy y siempre. Ojalá que te portes bien conmigo una última vez. Me lo merezco, he sido buena chica.

O no tanto como debiera.

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